Si me planteo ir a terapia, ¿significa que estoy loco/a?

Hay personas que, en determinados momentos de su vida, se encuentran en la situación de necesitar terapia psicológica. Suelen llegar a esta conclusión a raíz de sentirse mal anímicamente, de ver que han intentado poner en práctica todas las estrategias que conocen, y que se encuentran igual o peor; o, en otras ocasiones, son impulsados por un familiar o amigo con el típico “Deberías ir a terapia”. En dichos momentos,  se sienten cuestionadas en ese aspecto, pudiendo llegar a sentirse mal, en controversia consigo mismas y dudando sobre su equilibro mental: “Pero si yo no estoy loco/a, no lo necesito”.

Este conflicto interno de tantas personas nos hace plantearnos la pregunta: ¿Cómo es posible que se siga pensando, aún en el siglo XXI, que la psicoterapia está diseñada para tratar a “locos”? De hecho, ¿qué es un “loco”?

Existen otras personas que, al plantearse visitar a un/a psicoterapeuta, se sienten “débiles” o piensan que son, o están, peor que los que les rodean y, al final, no acuden a terapia psicológica por estos miedos o creencias asociados.

 

 

Encontramos, por tanto, ciertos mitos sobre el hecho de recibir un tratamiento psicológico. Es importante desmontar dichos mitos sobre la salud mental y el cuidado de uno mismo, sin llegar a confundir que el hecho de recibir ayuda profesional por parte de un psicólogo no es más que otro factor en su vida, como lo podría ser el solicitar a un entrenador personal que confeccione una tabla de ejercicios a tu medida, ya sea para mejorar la salud, el estilo de vida, el cuidado físico, como para mejorar un problema de peso. Por poner un ejemplo, no es necesario tener un problema de sobrepeso para realizar ejercicio físico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1964) define la salud como: “un estado de bienestar completo físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia“. Esta definición subraya la naturaleza biopsicosocial de la salud y pone de manifiesto que la salud es más que la ausencia de enfermedad. Por tanto, se puede promover ese bienestar, la salud, desde la atención y cuidado psicológicos.

 

Iniciar la terapia puede ser un gran cambio en la vida de una persona. Se trata de un espacio único y exclusivo para el/la paciente, dedicado a él/ella, donde puede obtener un autoconocimiento y atención a sí mismo/a, que es difícil encontrar en otros contextos. La psicoterapia puede ayudar a paliar síntomas, a superar algún problema concreto, a trabajar dificultades encontradas a lo largo de la vida, a descubrir el bienestar y a recuperarse uno/a mismo/a; sin embargo, no siempre es necesario encontrarse muy mal para pedir ayuda.

 

 

Un proceso psicoterapéutico, además de aportar aprendizaje sobre uno mismo y autodescubrimiento, confiere conocimiento de los demás -sus conductas, comportamientos, actitudes…- y de las relaciones que mantenemos con ellos. Una persona que está yendo a terapia en la actualidad y a la que le hicimos la pregunta “¿Qué te ha aportado ir a psicoterapia?”, nos respondió: “He aprendido sobre mí misma, he aprendido formas de lidiar con situaciones que me angustian o me incomodan, he aprendido a observarme, entenderme, cuidarme y respetarme más. También a mirar (o intentar mirar) a los demás con mayor comprensión y/o menos juicio

Promueve el descubrimiento y/o desarrollo de estrategias que se tenían o que estaban en espera de ser ejercitadas, una mejor gestión de las propias emociones y el aprendizaje de que se pueden solucionar los problemas que se van encontrando a lo largo de la vida. Además, fomenta la comprensión acerca de dónde vienen los síntomas que se han manifestado y por qué, y,  gracias a esta comprensión, se pueden gestionar mejor  esos síntomas e, incluso, aplacarlos.

La psicoterapia ayuda a mejorar el amor propio y la seguridad en uno/a mismo/a, para afrontar las situaciones de la vida, y a fomentar el desarrollo y crecimiento personales, la maduración, es decir, ayuda a evolucionar positivamente. De esta manera, aporta libertad para ser uno/a mismo/a y elegir el propio camino.

 

 

En conclusión, el proceso psicoterapéutico es un añadido en la vida de las personas, que puede impulsarles a seguir creciendo, evolucionando, madurando, adaptándose a la vida de manera positiva y, en consecuencia, acercando a la felicidad y el bienestar. Por tanto, se puede concebir a quienes acuden a realizar este trabajo interno y terapéutico como personas fuertes, capaces, valientes, inteligentes… que quieren dar un paso más en su mejoría vital y se esfuerzan para conseguirlo.

Si te has planteado en algún momento iniciar un proceso terapéutico, en MARAMA Psicología podemos acompañarte en este nuevo camino.