La ansiedad, ¿qué es y en qué puede afectar?

La ansiedad, del latín anxietas (angustia, aflicción), es un mecanismo natural de alerta del organismo que se activa ante situaciones consideradas amenazantes, es decir, situaciones que nos afectan y que pueden suponer un peligro. La función de la ansiedad es advertir y activar el cuerpo, movilizarlo,  frente a situaciones de riesgo, figurado o real, para salir airoso de ellas.

La emoción de base que promueve la ansiedad es el miedo. Esa emoción de miedo, en determinados momentos de riesgo, ha ayudado al ser humano a sobrevivir, identificando esas situaciones como peligrosas y haciendo reaccionar al cuerpo de determinadas maneras para salvaguardarse. Gracias a este mecanismo, evitamos, por ejemplo, actividades o lugares  peligrosos, nos enfrentamos a determinados conflictos, procuramos no llegar tarde al trabajo o a sitios importantes, nos preparamos para un examen o una reunión, o buscamos apoyos para resolver un problema.

Por tanto, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución (y de protección) en situaciones especialmente peligrosas. También una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante. Se trata de algo corriente en el funcionamiento del organismo mientras el individuo responda adecuadamente a la misma.

La ansiedad puede ser desencadenada tanto por estímulos externos o situaciones como por estímulos internos a uno mismo (pensamientos, sensaciones).  El tipo de estímulo capaz de evocar la respuesta de ansiedad vendrá determinado en gran medida por las características de la persona, y por sus circunstancias.

En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se convierte en un problema, ya que se ve desbordado y funciona incorrectamente. Más concretamente, la ansiedad es desproporcionada con la situación e incluso, a veces, se presenta en ausencia de cualquier peligro manifiesto. Puede limitar la libertad de movimientos y opciones personales, interfiere con las actividades normales de la persona. En estos casos no estamos ante un simple problema de nervios, sino ante una alteración. La gravedad de los trastornos de ansiedad se mide fundamentalmente por dos parámetros: el sufrimiento y la incapacitación que generan. Se calcula que un 20,5% de la población mundial sufre algún tipo de trastorno de ansiedad.

 

Un afrontamiento ineficaz de la ansiedad puede producir patologías de cuatro tipos:

  • Problemas psicosomáticos: problemas gastrointestinales, tensiones musculares, sexuales, dermatológicos, cefaleas, etc.;
  • Adicciones: intentando mitigar los síntomas de la ansiedad mediante mecanismos sustitutorios como el uso de fármacos, alcohol u otras drogas, o incluso ingesta compulsiva de alimentos;
  • Evitaciones o fobias: huir de cualquier situación que percibamos como potencialmente ansiógena, con la consiguiente sensación de falta de autoeficacia y de autoestima;
  • Enfermedades físicas: un estado de alerta permanente que dificulta que el cuerpo se ocupe de sus necesidades en ese momento, provocando problemas a nivel inmunológico y la aparición de síntomas físicos de todo tipo.

Es, pues, fundamental, conocer lo que nos pasa, así como adquirir las habilidades y estrategias para afrontar la ansiedad de una manera adaptativa. Además de consultar con un especialista sobre este tema, se pueden hacer ejercicios que disminuyan los niveles de ansiedad y equilibren el estado emocional, como realizar meditación, mindfulness y yoga.

En MARAMA Psicología podemos ayudarte a tratar y a disminuir los síntomas que provoca la ansiedad.